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jueves, 19 de mayo de 2011

IDEA # 15: Afiches.




-Podríamos hacer una exposición con afiches de películas apócrifas.


-Como te gustan los envases vacíos. ¿De dónde proviene esta afición?


-No sé. Pero no nos desviemos. Intentemos desarrollar la idea.


-Cada afiche podría estar acompañado por la sinopsis de la película que representa.


-Y también por dos o tres fotos de escenas claves.


-¿Quien va a diseñar los afiches?


-Pensé en convocar a varios diseñadores gráficos. Les damos a elegir entre varias sinopsis.


-También podemos convocar a pintores, dibujantes y fotógrafos.


-Tenés razón. Afiches diseñados con diferentes técnicas.


-¿Se te ocurre alguno?


-Un afiche con una foto de varios saquitos de té ahorcados con su propio hilo, amontonados en un platito de porcelana. La película cuenta la historia de cinco ancianas que religiosamente se juntan todos los sábados a tomar el té y son asesinadas una por una a manos un asesino serial que las ahorca con una soga. Se llama Las ahorcadas y transcurre en la Inglaterra Victoriana.


-Tengo otro. La película se llama Isósceles. Cuenta la historia de un triángulo amoroso entre un profesor de matemáticas de un colegio secundario y dos de sus alumnas: Unas mellizas que se parten al medio. El afiche podría tener el estilo de Saul Bass, el diseñador que le hacia los afiches a Hitchcok y Preminger: Tres siluetas geométricas (la del profesor y la de las mellizas) que forman un triángulo isósceles.


-O un triángulo isósceles que contiene la imagen de los protagonistas, parecido al de La Naranja Mecánica.


-Me gusta más el que se me ocurrió a mí.


-Escucha esta. La película se llama La escena del crimen. Cuenta la historia de los ocho arduos días que duró la filmación de la famosa escena de Psicosis. En el afiche aparece el actor que interpreta a Hitchcock, en la misma postura que tiene Vivian Leigh en algunos de los afiches de Psicosis: Con la cara de desencajada del cagazo, con una mano tapándose la boca y la otra intentando detener la embestida del asesino.


-Tengo una película, pero no el afiche. Se llama La memoria de Borges. Es una adaptación libre del cuento La memoria de Shakespeare de Jorge Luis Borges.


-¿De que se trata el cuento?


-Cuenta la historia de un escritor devoto de Shakespeare que acepta que otro le transfiera la memoria del escritor de Macbeth. En la adaptación cinematográfica entra la memoria de Borges y sale la de Shakespeare.


-Tenemos que desarrollar esa idea.


-En otro momento. Ahora pensemos como puede ser el afiche.


-Puede ser una imagen de unas manos pasándole un busto de Borges a otras manos.


-No estoy muy seguro que sea una síntesis acertada del argumento.


-¿A vos se te ocurre otra alternativa?


-No. Pero tengamos en cuenta tu idea.


-Con el afiche del blog podríamos hacer un afiche de película. ¿Qué película te sugiere una lamparita en lo alto de un cucurucho?


-Bocha de Ideas: La película. Un documental sobre una empresa de ideas que cierra misteriosamente de un día para otro.


-La película intenta develar ese misterio.


-El documental termina descubriendo que la empresa cerró abruptamente, porque sus dueños se dieron cuenta de que el mundo es una empresa de ideas.


-Unos empresarios románticos tapados de guita que se decepcionan con su propia empresa. No está mal.


-También puede ser una película coral dividida en episodios, donde varios personajes conversan en torno a ideas. Un estilo Coffee and Cigarettes.


-Bocha de Ideas puede ser tantas cosas…


-Como todas las cosas, compañero; como todas las cosas.

jueves, 14 de abril de 2011

IDEA # 3: Sapag


Lo que sigue a continuación es la sinopsis de una historia para cine. Los títulos tentativos son El otro Borges o Borges y yo.
El actor Mario Sapag fue un precursor de la imitación en la Televisión Argentina. Con prótesis y pelucas clase B, supo parodiar con gracia y precisión a muchas personalidades de nuestro país. Entre sus víctimas estuvieron el canciller Dante Caputo, el DT de la selección nacional Cesar Luis Menotti, la actriz Tita Mérello y el escritor Jorge Luis Borges, de quien es íntimamente fanático. Sapag conoce  obra y vida del autor de El Aleph de punta a punta y como él, posee una memoria prodigiosa que le permite repetir sus cuentos, poemas, frases celebres y anécdotas sin vacilar.
Así como en Las Vegas los imitadores de Elvis se reúnen para homenajear a su ídolo, en Ginebra se celebra en los próximos meses un encuentro de imitadores de Borges. Sapag se muere por participar, pero no tiene la plata suficiente para pagar el pasaje ni la estadía. Desde hace varios años esta sin trabajo. Como a muchos otros actores de su generación el mundo del espectáculo los ha dejado de lado.  Sus apariciones televisivas solo se limitan a breves homenajes en programas matutinos o a repeticiones de sus viejos éxitos en canales nostálgicos.
Mirando un programa de preguntas y respuestas titulado “El que sabe, sabe (y el que no, es jefe)”, Sapag vislumbra la posibilidad de cumplir el que tal vez sea el último anhelo de su vida. Las reglas del concurso son muy simples. El participante responde sobre una personalidad de nuestra cultura frente a un panel de notables. Es a todo o nada. Si responde correctamente, duplica la plata acumulada hasta el momento; en caso contrario, la pierde. Sapag hace unas cuentas rápidas y concluye que, llegando a las últimas instancias del concurso, puede juntar la plata suficiente para viajar a Ginebra y participar del encuentro de imitadores de Borges.
Sapag conoce al director de contendidos del canal que transmite el programa. Trabajaron juntos en la década del ochenta, cuando el tipo era un simple asistente de producción. En esa época Sapag se burlaba de él, imitando su voz chillona. El productor, que no olvida las burlas a las que lo sometió el actor, le da la espalda. Sapag no se da por vencido y se le ocurre una idea. Llama por teléfono a uno de los productores del programa imitando la particular voz del director de contenidos del canal y le exige que llame a Mario Sapag para participar del concurso.
Sapag hace su presentación en el programa. El jurado al que se tiene que enfrentar está compuesto por tres personas aparentemente calificadas para evaluarlo: el biógrafo no autorizado de Borges, una licenciada en literatura inglesa y el dueño de una cadena de librerías. Sapag supera las tres primeras semanas del concurso a paso firme. En la cuarta y última semana el asunto se pone difícil. El jurado es muy exigente y pide fechas precisas. A pesar de las dificultades Sapag logra llegar a la última pregunta del cuestionario. Si responde correctamente se lleva la plata que necesita para viajar a Ginebra; en caso contrario se queda sin nada. El jurado le hace una pregunta estúpida pero difícil de responder. Supongamos que le preguntan por la marca de lapicera que Borges utilizo para redactar alguno de sus libros. Sapag busca en su memoria; sabe que en algún lado leyó sobre el asunto, pero le cuesta recordarlo. Los segundos pasan y antes de cumplirse el tiempo límite, Sapag arriesga una respuesta. El jurado se hace el misterioso. Cuando el conductor del programa los apura, dan su veredicto: la respuesta es incorrecta. El público, que está con Sapag a muerte, abuchea al jurado. Sapag está destrozado. La secretaria del programa intenta consolarlo pero no hay caso. Se acaba el programa. Segundos antes de que el conductor se despida hasta la semana que viene, un llamado telefónico irrumpe en el estudio. Es Maria Kodama, la mujer que acompaño a Borges en sus últimos años de vida y procuradora de su obra. Según Kodama, la respuesta de Sapag es correcta y tiene documentos que demuestran su afirmación. A la semana siguiente, en el programa, el conductor presenta el documento que certifica el error cometido por  el panel de notables y le entrega un cheque gigante a Sapag, que se despide victorioso recitando un poema de su admirado escritor.
Sapag viaja a Ginebra y se hospeda en un pequeño y confortable hotel ubicado a la vuelta del Museo Voltaire. Al día siguiente, se levanta muy temprano, se disfraza y parte hacia la Universidad de Ginebra, sede del encuentro de imitadores de Borges. Allí se encuentra con Borges de todas nacionalidades. Le llaman la atención dos ellos: uno congones y otro coreano. A lo largo del fin de semana cada uno de los Borges tiene 20 minutos para rendirle homenaje al escritor en la sala de conferencias de la Universidad. Sapag imita a Borges en un monologo desopilante sobre el peronismo. Es traducido en directo en siete idiomas. El público presente se mata de la risa. Para finalizar su presentación recita el poema circular “El otro tigre”.  Sapag acaba de realizar la mejor actuación de su vida y se gana la ovación más larga y halagadora del encuentro.
La última escena transcurre en el cementerio Plain Palais donde está la tumba del escritor. Sapag le deja unas flores al maestro, le dedica unas palabras de admiración y le agradece por haberle permitido conocer una ciudad tan hermosa. Fin.